El amor es el principio pedagógico esencial.
Amar significa aceptar al alumno como es, siempre original y distinto a mí y a los demás alumnos, armar su valía y dignidad, más allá de si me cae bien o mal, de si lo encuentro simpático o antipático, de si es inteligente o lento en su aprendizaje, de si se muestra interesado o desinteresado. El amor genera confianza y seguridad.
Es muy importante que el niño se sienta en la escuela, desde el primer día, aceptado, valorado seguro, y querido. Sólo en una atmósfera de seguridad, alegría y confianza podrá favorecer la sensibilidad, el respeto mutuo y la motivación, tan esenciales para un aprendizaje autónomo. Hacer niños felices es crear personas buenas. Educar es un acto de amor mutuo.
Este tipo de pedagogía se puede emplear en caso de niños que tienen baja autoestima, en situaciones de niños que son nuevos y se incorporan dentro de un aula donde ya se encuentran otros niños. También se puede aplicar en aulas donde haya niños con necesidades especiales (NEE) que necesiten integración escolar. Por último sugerimos este tipo de pedagogía en situaciones de acoso o bullying escolar.
Esta pedagogía no necesita palabras tan solo gestos, miradas cálidas, risas cómplices, sencillez, espontaneidad; no requiere de grandes discursos, solo se trata de empatizar con los otros, esta ternura se aprende, modela, construye en el dialogo interpersonal.
Todo lo que me gusta de ti:
En círculo iremos diciendo todas las cosas buenas que tiene el pequeñín que está al centro, al finalizar todos con sus aportes le daremos un gran aplauso y abrazo grupal, podemos trabajar 1 ó 2 niños por día.
No puede haber pedagogía del Amor si no amamos lo que hacemos; si no tenemos ese inmenso amor por nuestra profesión y si no estamos convencidas del impacto de todo lo que hacemos frente al aula, día con día.
El amor no se fija en las carencias del alumno sino más bien, en sus talentos y potencialidades. Educar con cariño, con sensibilidad, para alimentar la autoestima, sanar las heridas y
superar los complejos de inferioridad o incapacidad. Es una pedagogía que evita herir, comparar, discriminar por motivos religiosos, raciales, físicos, sociales o culturales
Este método en exceso puede resultar contraproducente en casos de niños con una autoestima muy elevada, con problemas de personalidad pedante o egocéntrica extrema.
Un niño feliz no sólo es más alegre y tranquilo, sino que es más susceptible de ser educado, porque la felicidad le hace creer que el mundo no es un lugar sombrío, hecho sólo para su mal, sino un lugar en el que merece la pena estar, por extraño que pueda parecer muchas veces. Y no creo que haya una manera mejor de educar a un niño que hacer que se sienta querido. Y el amor es básicamente tratar de ponerse en su lugar. Querer saber lo que los niños son. No es una tarea sencilla, al menos para muchos adultos.
Por eso prefiero a los padres consentidores que a los que se empeñan en decirles en todo momento a sus hijos lo que deben hacer, o a los que no se preocupan para nada de ellos. Consentir significa mimar, ser indulgente, pero también, otorgar, obligarse. Querer para el que amamos el bien. Tiene sus peligros, pero creo que éstos son menos letales que los peligros del rigor o de la indiferencia”.
-Gustavo Martín Garzo-
